lunes, 30 de noviembre de 2015

Momiji



Nueces, castañas,
contra la pesadumbre.
Y una naranja.

***

Huye el silencio.
El aire se levanta
entre los chopos.

***

Puerta cerrada.
Bajo el dintel de helechos
se duerme el bosque.

jueves, 29 de octubre de 2015

Tres haikus (VIII)



Lejos, muy lejos,
el sol brilla en tu cara.
En mí amanece.

***

Cuando dormías,
¿quién velaba tus sueños?
¿Ya no te acuerdas?

***

A ti abrazada
pasaría el invierno, 
que nunca llega.

domingo, 14 de junio de 2015

Al modo de Sei Shōnagon


Cosas insidiosas

Las gotas de lluvia sobre tu cara cuando vas recién maquillada a una cita importante.
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Buscar por todas partes una vieja carta. Encontrarla y que no diga exactamente lo que recordabas.
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Que suene el teléfono mientras estás leyendo y que no conteste nadie cuando aciertas a descolgarlo.
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Que alguien que habla mucho no te deje estar a solas con tus pensamientos.
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Preparar la comida y que se queme un poco.


Cosas que no se olvidan

El primer beso, una mañana fría con pájaros que volaban rozando el horizonte.
***
Aquel paseo bajo la lluvia. La luna había salido, pero apenas brillaba.
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Aquella tarde. Tu mano guiando la mía hacía una selva húmeda en la que habitaban animales prehistóricos que yo no conocía.
***
La despedida. No quería mirarte y tú insistías.
***

Las amapolas, que florecen de pronto y duran nada.

lunes, 16 de marzo de 2015

Un cuento tradicional


'El viejo del lobanillo' es un cuento tradicional japonés que tiene muchas versiones. La última que he leído aparece en el libro Cuentos de cabecera de Ozamu Daizai publicado por Satori. El autor de Indigno de ser humano reinventa la historia aportándole inquietantes matices.
Hace unos días, un amigo me contó que había descubierto un anime film de 1929. Para mi sorpresa, se trataba de una versión de esta antigua historia. No se pierdan la escena de la lluvia con fondo sumi-e. Un corto verdaderamente delicioso.




jueves, 9 de octubre de 2014

Momiji


Cruje la tarde. Tus pasos perezosos han despertado la quietud del bosque. Gotas de sangre, carmín encendido. La luz se pierde en la fronda silenciosa. Las hojas caídas, mar del otoño, cubren de nuevo la vida que duerme. Cómo ignorar este cielo de estrellas apagadas. Cómo sembrar la despedida sin perder la conciencia de un nuevo camino al que dirigir los pasos. Todo ha ocurrido de repente. El viento helado. La flor marchita. El silencio.



Compartir un puñado de palabras, y luego otro. Esperarte de pie, al filo de la acera. Contestar a tus preguntas, discutir sobre nada. Tu mano y la mía unidas sobre el mármol helado del velador. La última vez. Tus ojos brillando aquella mañana en la que yo llevaba prisa. La voz conocida al otro lado del teléfono. El hombre que toca el acordeón en la estación de metro. Las hojas amarillas que hace volar el viento. Tu risa hace temblar los recuerdos.


Cerremos los ojos para vernos. El cielo se ha cubierto de nubes escarlatas. El fuego que arde dentro ha despertado canciones olvidadas. Quiero oírte de nuevo, que tu voz tiña de rojo el sigilo de la tarde. ¿No escuchas como yo nuestras pasos de entonces en el eco lejano del pasillo? El rumor del mar. Las hojas muertas. La luna impaciente. Contemplemos juntos la desolación del otoño que vuelve. La belleza precisa de un mundo que se acaba.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Tres haikus (VII)





Aquellas siestas
acunando tu cuerpo
bajo las ramas.

***

Ruge el otoño.
Y palpita en mi pecho.
Tiembla en las hojas.

***

Viejas postales.
En el árbol desnudo
veo la nieve.

jueves, 21 de agosto de 2014

Tres haikus (VI)



Tiemblan las hojas.
Luces de la mañana
sobre los coches.

***

Para encontrarte
no hizo falta otra vida,
sólo la tarde.

***

Hacía frío.
Y en las calles mojadas
amanecía.